¿Nazaret?

 

Es muy fácil hablar de Nazaret porque el Evangelio no dice nada de este periodo de la vida de Jesús, entonces podemos imaginarnos todo… y cualquier cosa. Si eso es lo que piensas, toma y lee:

“Jesús había ido en peregrinación a Jerusalén con sus padres. Cuando regresan, él se queda. Lo han perdido. Es la angustia. Después de tres días, lo encuentran en el Templo. Su madre le dice: ¿Por qué nos has hecho esto? Jesús responde: ¿Y por qué me buscabais? ¿No sabíais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre? Pero ellos no comprendían”.

 

En la mirada ansiosa de su madre, Jesús lee una cuestión: “Lo que sabemos, es que Dios te confió a nosotros para ser nuestro hijo, y es por eso por lo que te buscábamos, tu padre y yo”. “Ellos no comprendían” dice el texto. Jesús, El, había comprendido.

“Descendió con ellos y fue a Nazaret”

 

Sí, El debe estar en las cosas de su Padre, pero para El, estar con las cosas de su Padre, es estar en Nazaret, no en el Templo.

Y Nazaret, ¿qué es para Jesús?

Continúa leyendo:

“Les estaba sumiso…

 

El, el Hijo del Padre… se hace verdaderamente uno de nosotros, un niño ordinario.

Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón…

¿Cuántas veces Jesús descubrirá su camino en la mirada de María que intenta comprender?

Y Jesús crecía, en talla y en gracia…

 

Crecía en su vida de hombre, en el descubrimiento de su cultura, aprende ese lenguaje sencillo que comprende la gente y que les alegrará, crece en el descubrimiento de lo que su Padre quiere de El y para los hombres.

Ante Dios y ante los hombres”.

Es inseparable y eso es Nazaret:

¡Uno con Dios y uno con los hombres!

 

Puedes continuar la lectura y verás que Jesús de Nazaret

Se convierte en su nombre propio

 

Un nombre que traduce su manera de ser

 

Un nombre de hombre del pueblo, sin poder, con las manos desnudas

 

Un nombre que le sigue hasta la cruz: “Jesús, el Nazareno” dice el letrero (Jn 19, 19)

 

Un nombre que le sigue hasta la resurrección:

Ese Jesús, el Nazareno al que buscáis, el crucificado, ha resucitado, no está aquí…”

Ciertamente no está en la tumba.

“Os precede en Galilea, es allí donde le veréis” (Mc 16, 6-7)

¡Y es toda otra historia la que comienza… para nosotros!