Escuchar cada día la Palabra para descubrir el corazón de Dios, mirar a Jesús en el Evangelio y maravillarse de nuevo ante sus actitudes. Rumiar estos descubrimientos y dejar a Dios que modele nuestro corazón.

Entrar cada día un poco más en el compartir con las gentes sencillas y descubrir el corazón del hombre

Sabemos que el mundo es duro: sentimos como muchos otros que Dios se calla. Conocemos la espera de nuestros hermanos, sus luchas, sus grandezas: son las nuestras: presentimos la espera de Dios, la vida que ofrece, su ternura: son también un poco las nuestras. Cuando todo eso se encuentra en nuestro corazón, entramos en la oración de Jesús, la vida de Dios y la vida de los hombres se juntan. Salvadores con Jesús.

No creáis que es el éxtasis. Es una oración a menudo pesada, pesada por el trabajo y por el peso de la vida, pesada por la dificultad de la vida, es una oración de la gente pobre, pero “cuando un pobre grita, el Señor lo escucha”. Largos momentos de oración, pero también gritos del corazón hacia Dios, de alegría, de rebeldía, de sufrimiento, de perdón; todo eso pasa porque nada en nuestra vida es extraño al Padre.

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