Argelia

De Armand (Annaba – Argelia)

Hace mucho tiempo que no escribo ningún diario. Pero los últimos acontecimientos me han animado a escribiros, hermanos de todo el mundo. Ciertamente os habréis enterado que los 19 mártires de los años oscuros de Argelia, pronto serán beatificados… y la celebración podría llevarse a cabo en Argelia. Somos varios los hermanos que estuvimos presentes en este país durante esos años. El Señor quiso que sobrevivieran nuestros dos hermanos del Bissa.

 

Este anuncio viene a remover muchos recuerdos. Años vividos con una cierta inquietud, a veces con miedo, pero con paz, confianza y fidelidad al Señor. No fuimos más heroicos que nuestros amigos y vecinos argelinos y argelinas. En realidad, nos parecía normal seguir viviendo aquí sin desear irnos en ningún momento, queriendo permanecer fieles a un pueblo que nos había acogido durante muchos años. Siendo el islam como un marco general en esta sociedad, eso nos estimulaba a no escabullirnos para ser auténticos con nosotros mismos y con la entrega de nuestra vida hecha al comprometernos  a seguir a Jesús en la vida religiosa.

De hecho, estos días, estoy muy solicitado para todo lo relacionado con algunos de aquellos que fueron víctimas de la violencia y que hoy están a punto de ser beatificados. Ciertamente, durante varios años, desde 1996, fui responsable del grupo “Ribat es salam” grupo de diálogo de vida nacido en Tibhirine alrededor de Christian de Chergé (monje) y de Claude Rault (Padre Blanco). Después de lo ocurrido a los monjes y del asesinato de Pierre Claverie este grupo de cristianos y musulmanes continuó reuniéndose regularmente dos veces al año. Todos quisimos continuar lo que se había vivido en torno a Tibhirine y compartirlo regularmente en intercambios fraternos. A mí me pidieron ponerlo por escrito en un boletín periódico. Fue un modesto lazo fraterno entre nosotros, pero que en realidad se convirtió en contagioso.

Nacieron otros grupos aquí y allá con el mismo espíritu y con la misma preocupación de mantener un diálogo de vida, de compartir especialmente con las mujeres y los hombres del islam.

Qué más añadir hoy, cuando el país ha remontado económicamente, ha cambiado exteriormente en los  nuevos barrios e incluso en las nuevas ciudades, sin olvidar el Metro de Argel o el tranvía de Argel, Oran, Constantine, Sétif, Sidi Bel Abbès y también Ouargla. En Annaba están en ello. Pero el país no llega a conseguir un verdadero ambiente de paz. Dificultades económicas, descontento social, crisis cultural, islamismo galopante, somnolencia política. El país sufre una falta de dirigentes jóvenes y dinámicos… y por eso, algunos están dispuestos a mantener un quinto mandato para un presidente con importantes problemas de salud. Argelia aspira a algo mejor. Hay mucho talento que se deja dormitar en lugar de estimularlo,  iniciativas que no saben respaldar. La seguridad está ahora asegurada, el país está tranquilo (a pesar de las detenciones frecuentes de terroristas u otros traficantes…). La oposición democrática parece desamparada y le cuesta unificarse… Sin embargo no puedo negar mi alegría por haberme quedado aquí, por poder continuar un día a día muchas veces monótono y que con la edad va limitando las actividades. Cuando voy a Francia, al cabo de quince días, tengo la impresión que me falta algo…

Entonces, ¿continuar viviendo solo con la cercanía de los amigos? No. Ya he decidido con mis hermanos que voy a ir a la Casa de las Hermanitas de los Pobres de Annaba, en la colina de Hipona, al lado de la basílica de San Agustín. Dentro de algunos días me mudaré allí. Pero hemos acordado que voy a continuar manteniendo mis relaciones y mis actividades con los amigos y otra gente de Annaba. En realidad, poca cosa… Allí arriba me encontraré con un sacerdote de Pontigny de 96 años. Me he comprometido  a celebrar para ellos la misa diaria. Entre los residentes hay un hombre de Beni-Abbès que durante varios años estuvo al servicio de la casa diocesana de Argel, al mismo tiempo que nuestro hermano Yahia. Mantendré mis relaciones, no solamente con los amigos, sino también con los “caminantes” a los que acompaño desde hace algún tiempo a petición de los responsables diocesanos. No siempre es fácil… pero su compromiso y su entusiasmo por haber encontrado a Jesús ayuda a guardar la esperanza y el corazón joven. Y mientras estoy terminando este diario, recibo un mensaje lleno de alegría de André de Japón. Estuvimos hace muchos años juntos en El Abiodh e hicimos la primera khaloua (ruta por el desierto) hacia Beni-Abbès cuando cumplí mis 20 años. Está claro que André conserva un corazón joven. Para mí, fue un soplo de vida. Sí, continuar así, sencillamente, esperando el día en que habrá que dejarse ceñir la cintura con la esperanza de ser hallado como una persona fiel. Y que sea siempre con la alegría de seguir a Jesús. Que pueda decir como Pablo: “he guardado la fe”, el amor y la alegría.