E.E.U.U.

De Eric

Últimamente, me vienen a la mente muchos pensamientos y sentimientos, como animales perdidos. A veces escribir algo nos ayuda a comprender mejor lo que nos está pasando, intentando tramar amistad con estos animales perdidos. Puedo compartir una parte de todo esto en un diario, si mis hermanos piensan que no incomodaré ni a lectores, ni a traductoras. Dado que he hecho algunas traducciones para los refugiados, compadezco a las traductoras de la fraternidad.

Una mujer con la que hice amistad  hace 30 años, vivía en mi casa desde hace 6 años y se marchó la semana pasada. Los dos últimos meses juntos, fueron muy difíciles para los dos. Le dije que mi comunidad ya no podía sostenerla y que mientras estuviera allí, teníamos que comprar la comida y pagar las facturas. Ella aceptó mudarse a finales de febrero. En aquel momento todavía no había recogido ninguna de sus cosas y yo estaba muy preocupado acerca de sus intenciones. Se puso furiosa contra mí, diciéndome que no le había dado suficiente tiempo para encontrar un lugar para vivir, careciendo de dinero para la mudanza. Después de haberse marchado, me dijo que lamentaba no haber tomado su parte de responsabilidad en rehacerse y no echarme la culpa a mí. En realidad estaba furiosa contra ella misma y me culpaba a mí. 

Vino a mi casa después de que la echaran de la suya y no sabiendo a donde ir, me pidió si podía quedarse 2 meses para rehacerse económicamente. Luego me dijo que necesitaba 6 meses más. Nos entendíamos muy bien y estábamos bien juntos. Ella señaló varias veces que estaba muy a gusto viviendo conmigo. Hubiera tenido que estar más al tanto sobre el hecho de que no hacia ningún esfuerzo para prepararse a partir. Como consecuencia de mi personalidad dependiente y de mi inclinación a darle todo el tiempo y el espacio que necesitaba, no la ayudé.

 

Me ha impresionado que ni siquiera después de una amistad de 30 años, no conociera una parte de su personalidad y estaba sorprendido de mis reacciones en período de crisis. “¿Por qué confié en sus promesas a pesar de que algunos de mis amigos me aconsejaron no hacerlo? Me sentía en contradicción conmigo mismo.

 

Amar de verdad o ‘amar bien’ a alguien, son dos cosas diferentes. K. (mi amiga) y yo, somos muy distintos. Ella es una mujer afroamericana con 2 hijos y yo soy un hombre blanco sin hijos. Ella creció en un país racialmente dividido, dominado por racistas blancos. Vivió con el padre de sus hijos durante varios años y después durante 10 años con otro hombre. Fue maltratada en todo, sexualmente, verbalmente, físicamente y tuvo que tomar las riendas para educar a sus hermanos y hermanas, siendo ella misma una adolescente. Su madre se ausentaba a menudo y su padre no estaba allí. Logró terminar los estudios, trabajar y educar a sus dos hijas mellizas. Llegó a ser abogada y defendió a personas pobres acusadas de crímenes. Sus ingresos disminuyeron de forma drástica y en un momento dado se quedó sin casa. 

 

Ella es militante acérrima y franca en lo que se refiere a raza, género y a cualquier forma de injusticia. Para ella, soy exactamente una de estas personas responsables de la injusticia que ella sufre como persona negra y mujer. A menudo repetía que nunca podría comprender sus pensamientos ni sentimientos y yo estaba completamente de acuerdo con ella. La esclavitud fue abolida hace mucho tiempo, pero las consecuencias están todavía presentes en los espíritus y en los corazones de muchas personas. Son como heridas que nunca se cicatrizan completamente. En cuanto se tocan ciertas cosas, las heridas se abren de nuevo. Cruzamos diversos momentos de crisis en nuestra relación y es un milagro que aún seamos amigos.

 

Esto me conduce a la cuestión unidad-diversidad: ¿Cómo aceptarnos y ayudarnos mutuamente a vivir nuestra vocación en la fraternidad, a pesar  de que no comprendamos el por qué el otro piensa y actúa de cierta manera?

No existe una respuesta sencilla. Yo creo que una cosa es cierta: si no aceptamos a nuestros hermanos, como hermanos e interlocutores paritarios en nuestra búsqueda, no encontraremos respuestas. Si creemos que nuestros hermanos tienen la misma vocación que nosotros, ¿no deberíamos estar abiertos a aprender de ellos?

 

Todos tenemos cualidades y dones distintos. Tengo la impresión de que algunas personas de nuestra comunidad son consideradas como más importantes, respetadas y valoradas que otras, quizás a causa de sus supuestas “cualidades humanas” o por otras razones. La gente que es “más espabilada” tiene tendencia a utilizar esta “cualidad” para imponer sus ideas a los demás y aparentemente lo logran. La mayoría de nosotros tiene tendencia a manipular a los otros para avanzar. Lo hacemos de diferentes maneras: de forma pasiva, agresiva, por intimidación, no estando atentos a lo que el otro intenta comunicarnos, etc.

Pablo en sus cartas escribe que todos tenemos necesidad de los demás para formar un cuerpo, nadie es más importante que otro.

 

“Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes bien los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;  y a aquellos del cuerpo que nos parecen menos dignos, a éstos vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro. Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan”. (1 Cor 12, 21-26)

 

A pesar de nuestras diferencias K. y yo aprendimos a amarnos como hermano y hermana. Para lograrlo, tuvimos que empezar por aceptarnos como iguales. Esto es un proceso continuo. 

Las diferencias de raza, género, inteligencia, religión, etc. no pueden separarnos si nuestro amor mutuo como seres humanos es lo suficientemente fuerte para unirnos.

 

“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. (1 Cor 13, 4-8)

Recé por el don de vivir el momento presente y de no preocuparme del pasado o del futuro. Una lectura del Dalaï-lama me ha ayudado.

También los frutos del Espíritu Santo descritos por Pablo me vienen a la mente.

 

“Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”. (Gal 5, 22-23)

 

No sé lo que ayudó a K. a superar nuestros momentos difíciles. El caminar de Dios conmigo me ha ayudado. Dios jamás ha cesado de amarme como soy, con todos mis errores, mi falta de confianza, etc. Me ayuda saber que Dios me ha soportado durante toda mi vida y no me ha abandonado. ¿Cómo puedo abandonar a mi hermana o a mi hermano o a mi mismo?

 

Algunos de nuestros vecinos y amigos temen ser deportados a México, a causa de la manera de actuar de nuestro nuevo gobierno con las personas que no tienen los papeles en regla para poder vivir en nuestro país. Esto causa mucha ansiedad, particularmente a las familias a las que podrían separar las esposas de los maridos y de los hijos. Podrían salir de casa para ir al trabajo, a la escuela, a la iglesia, etc. y no volver, o podrían oír llamar a su puerta a medianoche y llevárselos.

 

Más gente que nunca desde la guerra del Vietnam (más de 15.000 personas se escaparon entonces por la frontera norte), americanos y refugiados intentan llegar desde aquí a Canadá. Algunos refugiados han perdido algún miembro del cuerpo a causa de la congelación sufrida durante la marcha de muchas horas por la nieve.

 

Las palabras y los actos del presidente no hacen más que aumentar la tensión entre las personas procedentes de diferentes orígenes étnicos, religiosos y de género. La explotación del miedo y los prejuicios parecen ser la estrategia política más poderosa, utilizada por los poderes establecidos.

En el plano positivo, parece que mucha más gente es consciente del impacto de la mala política sobre su vida y han empezado a oponerse.

 

He aquí el significado de las palabras de Dalaï-lama del recuadro:

"Sólo hay dos días en el año en los que no se puede hacer nada. El uno se llama ‘ayer’ y el otro ‘mañana’. De modo que hoy es el mejor día para amar, creer, hacer y sobre todo vivir”.