Fraternidad de Italia

De  Francesco

Muy queridos hermanos:

No me acuerdo cuando escribí mi último diario… así es que, después de haber “vivido” un tiempo suficiente aquí en Brossasco, me decido a “contaros” lo que vivimos en este pequeño pueblo de montaña…

Esta fraternidad se encuentra a 80 km al sur de Turín, al comienzo del Valle Varaita, a una altitud de 610 metros. Estamos muy cerca de Francia, a 50 km de aquí está el puerto de Agnello (2.745m) que marca la frontera entre nosotros y nuestros primos… El valle tiene una longitud de 50 km con una población de 5.000 habitantes. Brossasco cuenta con 1.065 habitantes desde nuestra llegada, por lo tanto un auténtico pueblo…

Nos instalamos exactamente el 16 de junio de 2013. Yo todavía estaba al servicio en la Fraternidad general pero teniendo en cuenta mi historia pedí poder vivir el último año de mi servicio aquí y no viajar más…

 

Llegamos aquí después de un largo camino de discernimiento fraterno, haciéndonos ayudar por una amiga psicóloga y me parece que este tiempo de preparación trae hoy sus frutos…

Esta fraternidad está compuesta por Bruno -nuestro hermano mayor-, Christian, Carlo -que por el momento está en Lille para sus estudios de teología y está aquí para trabajar durante las vacaciones del verano- y yo. Vivir a cuatro para mí es ideal; debo confesar que hoy por hoy me costaría encontrarme siempre frente al mismo hermano… Evidentemente, vivir a cuatro, quiere decir utilizar medios para que cada uno pueda tener su espacio (físico y psicológico)… La casa que escogimos es bastante grande para permitirnos, justamente, tener estos espacios y también poder acoger…

 

Si aterrizamos en este Valle fue porque antes de que yo me fuera para el servicio a la Fraternidad General estuve con Christian en una zona rural. El hecho de irme tuvo como consecuencia tener que cerrar nuestra fraternidad y para Christian irse a vivir a Turín con Bruno y Franco. Con la perspectiva de mi regreso a la región comenzamos a reflexionar juntos cómo prever nuestro futuro. ¿Quedarnos en Turín? O más bien aprovechar esta oportunidad para pensar en algo nuevo. Y todos estuvimos de acuerdo en volver a fundar una fraternidad en ambiente rural. Pero, teniendo en cuenta nuestras edades… ¿dónde?  ¿cómo?

 

El hecho de hacernos ayudar por esta amiga psicóloga nos llevó a tomar un ‘tiempo de discernimiento’ serio, personal y comunitario donde cada uno pudo expresar libremente sus deseos y sus miedos para finalmente construir juntos un proyecto de fraternidad respetuoso con las diferencias que cada uno aportaba. Para mí y puedo imaginar que también para mis hermanos  fue un tiempo precioso para un conocimiento recíproco; un tiempo donde cada uno pudo darse a los otros. Me gustaría decir que fue un tiempo de gracia.

 

En este momento, seguramente os estaréis preguntando cómo llegamos a esta pequeña y desconocida “aldea”… En primer lugar, durante nuestro discernimiento, decidimos instalarnos no muy lejos de la fraternidad de Turín. Pensábamos que la cercanía sería buena para todos. Además, hace seis años, el obispo de Saluzzo (nuestra diócesis) nos había dado un viejo presbiterio a 4 km de la fraternidad para utilizarlo como ermita, entonces nos pareció bueno venir a vivir a este valle.

 

Como sucede a menudo, los comienzos no suelen ser fáciles para nadie. Era una nueva etapa para todos, donde teníamos que construir día tras día la “fraternidad”, entre nosotros y con los de fuera. En fin, ante nosotros se presentaba una nueva aventura que vivir. Se nos planteaban muchas cuestiones y la única respuesta que teníamos, al menos en aquel momento, era vivir día tras día, en la confianza, lo que la vida nos ofreciera. Una de las cuestiones que tuvimos que afrontar fue la del trabajo. Trabajo para poder vivir y también para entrar en este nuevo entorno sin tropezar.

 

Fue Christian quien encontró enseguida trabajo en una cooperativa social/agrícola, donde ahora también trabajo yo. Es una cooperativa que nació hace 35 años, fundada por un pequeño grupo de jóvenes que animados por su Fe, decidieron poner en común sus tierras y su saber, para crear un espacio en el que la gente con problemas pudiera, a través del trabajo, encontrar su dignidad.

 

La cooperativa tiene 5 sectores. La granja con sus 200 vacas que hoy producen leche bio, el sector agrícola con sus huertos, la quesería, el mantenimiento de los parques de la zona y el almacén donde trabajo yo.

 

Christian trabajó al principio en el sector de la agricultura y a continuación le pidieron crear un sector de mantenimiento de los cementerios. Desde hace algunos meses, por razones de salud, dejó el trabajo pero de vez en cuando va como voluntario. Pero no os inquietéis, no se aburre. Está muy ocupado con sus dos terrenos comunitarios, uno a 40 km de casa y el segundo a unos 10 donde se cultivan árboles frutales, frutos rojos del bosque y mucha verdura. También tiene sus colmenas con abejas que producen una exquisita miel de montaña.

Carlo, cuando llegó aquí, estando de probación, le contrataron en una empresa que produce infusiones bio. Su trabajo consistía en quitar la hierba con la azada de entre las plantas medicinales. Luego se fue a estudiar a Lille y cada verano ha tenido la suerte de encontrar su puesto y sus compañeros en la misma empresa. Es un trabajo muy pesado pero le gusta mucho. Comparte la dureza del trabajo con sus compañeros rumanos, marroquíes y africanos aunque evidentemente también hay italianos. Todavía le queda un año en Lille y después Brossasco será su fraternidad.

 

Bruno con sus 78 años, bien llevados, es el que permanece en la fraternidad. Él se ocupa de la comida y acoge a aquellas y aquellos que vienen a vernos. También se ocupa de la ermita y de mil otras pequeñas cosas.

 

Una vez terminado mi servicio en la FG, yo también me cuestioné sobre el trabajo. ¿Qué hacer a mis 54 años? ¿Dónde llamar? ¿A quién dirigirme? No es nada fácil encontrar trabajo a esta edad, sobre todo siendo consciente de que ya no puedo hacer cualquier cosa…

Me decidí –animado por mis hermanos- a inscribirme en un curso para aprender a hacer quesos en un centro de formación profesional cerca de aquí. ¡Nunca me contestaron! Quizás por ser  demasiado viejo… Al final, llamé a la puerta de la cooperativa donde trabajaba Christian. Deseaba trabajar en la quesería, pero el responsable enseguida me dijo que no necesitaba personal en ese sector, pero que necesitaban a alguien para el almacén. Lo hablé con los hermanos y finalmente me lancé. He necesitado tiempo antes de aprender este trabajo, pero ahora me gusta mucho. Es un puesto que me pone en contacto con mucha gente y con el tiempo, recibo bastantes confidencias por parte de los clientes…. Tengo un contrato de media jornada, 20 horas semanales, pero en realidad hago muchas más puesto que siempre hay cosas que hacer en el almacén. Me gusta mucho mi trabajo y me gusta el ambiente de la cooperativa. Es una cooperativa ‘pobre’ con muchos límites tanto en la organización como en las finanzas. Al principio, me costaba comprender cómo podía funcionar una realidad tan mal organizada e intenté aportar mi experiencia pero enseguida me di cuenta que exigía demasiado y que la mejor manera para aportar algo nuevo era dar lo mejor de mí mismo en mi trabajo. Hoy, puedo decir que es una gran suerte poder, a mi edad, tener una actividad que me permite entrar en el tejido social de esta realidad rural de montaña…

 

La vida en este valle no siempre es fácil. La gente de la montaña es muy reservada y por principio son gentes a las que no les gusta molestar. Somos conocidos por todos, como religiosos. Cuando llegamos, la parroquia nos pidió presentarnos y creo que esto nos permitió situarnos un poco, ya que de otra forma la imaginación rápidamente se desboca… Me parece que ahora, no causamos ninguna curiosidad sino más bien ‘formamos parte del paisaje’. La gente del valle nos conoce mucho mejor de lo que pensamos…

A nivel eclesial, me parece que los curas son muy respetuosos con nuestro carisma. Nunca nos han pedido nada. Una vez al mes, somos invitados –sobre todo es Bruno quien participa- al encuentro de sacerdotes de la zona, que termina con una buena comida. Tenemos muy buena amistad con Claudio, Luca y Carlo, curas del valle… Una vez al mes nos encontramos para rezar y pasar la velada juntos…. Es una amistad que nos hace bien recíprocamente…

Todos estos lazos que estamos tejiendo en este valle, son regalos del Señor que nos ayudan a construir la “fraternidad”… y nos permiten crecer en humanidad.

Gracias hermanos, por haber tenido el ánimo y la fuerza de leerme hasta el final…

Con toda mi amistad, Francesco