India

De Mani
 

Me gusta leer los diarios porque me hacen sentir realmente unido a lo que los hermanos viven aquí o allí y esto me anima a esforzarme para seguir intentando vivir fielmente mi propia vida, aquí y ahora. Por eso me he decidido a escribir después de seis años aproximadamente. Mi último diario fue sobre mi tiempo de renovación en Argelia, con  ayuda de los hermanos de allí y sobre la peregrinación a la fuente de la rivera sacra del Ganges, en el Himalaya.

Desde entonces, he vivido en Mylasandra, al principio con Anand, Kumar y Michael y más tarde con Yesudas (hermano del Evangelio, indio) cuando volvió de Tanzania. Anand se fue un tiempo a Europa y Michael decidió marcharse hacia nuestra morada celeste, de esto hace ya 3 años. A la vuelta de Anand, una nueva fraternidad tomó forma con Visu y Xavier en Tiruvannamalai mientras que Kumar, Yesudas y yo nos quedamos en Mylasandra. Bathu (otro hermano del Evangelio) llamado anteriormente Vishwas volvió el año pasado de México y ahora vive en una residencia asistida, porque sufre la enfermedad de Parkinson, lo que le limita mucho físicamente. 

 

El propósito de este diario no es daros únicamente noticias de nuestra vida aquí, sino más bien compartir de forma personal sobre mi vida después de mi jubilación, hace ya 6 años.

Viví 2 años con Xavier en una casa pequeña del barrio popular de Ulsoor (Bangalore) donde teníamos una fraternidad antes de fundar la de Mylasandra. Xavier estuvo estudiando teología en un instituto y yo trabajaba como consejero para los estudiantes en un colegio de los Jesuitas. Xavier estudió su 3er año en Mylasandra con la ayuda de Michael y yo me quedé un año solo en esta ciudad. Después de  esto, me jubilé y me fui a pasar un tiempo de renovación. Fue entonces cuando regresé a Mylasandra. Normalmente en la India, se debe trabajar hasta los 60 años y dejar el puesto a otros.

 

Pronto voy a cumplir los 66, normalmente no me gustan las celebraciones de cumpleaños, pero cuando llegué a los 65, pedí a los hermanos celebrarlo en casa con una misa y un brindis con una copa de vino. Sentía que esta fecha era importante para mí, porque considero que el resto de mi vida son años ‘extras’ que me son dados. Mucha gente de mi generación, sobre todo viniendo de familias pobres, difícilmente llega a cruzar esta edad.

 

Cuando regresé a Mylasandra para quedarme, me resultó muy difícil. En cuanto a la vida fraterna, fue como subirme a un tren en marcha. Yo estuve ahí durante los primeros años de esta fraternidad, pero encontré cambios: las costumbres habían cambiado y el pueblo también. La vida de la ciudad me gustaba mucho y me había acostumbrado a ella, muchos vecinos, viviendo todos en espacios reducidos, mucha vida en las calles, ruido, polución, excitación, contactos muy cercanos entre la gente, poca intimidad, etc. Me gustaba eso y me acostumbré, aunque esto fuera malo para la salud. Sin embargo Mylasandra era un pueblo demasiado tranquilo, demasiado perezoso, la gente era demasiado educada y hablaban ‘Tigla’, un  dialecto local de la lengua Kannada, que me costaba aprender. Yo conocía el Tamul y sentía que no estaba preparado para aprender otra lengua. A menudo me rebelaba, me estaba volviendo muy crítico hacia todo y estaba tentado de volver a la ciudad y vivir solo entre la gente que quería y que me querían. Me quejaba de no sentirme apreciado y muchas veces me encolerizaba contra mí mismo y contra los demás.

 

Al cabo de un tiempo empecé a adaptarme y me iba encontrando a mí mismo. Kumar volvió a trabajar para una ONG y yo me dediqué a la huerta. Nunca había hecho esto en mi vida y poco a poco aprendí a cultivar verduras, a trabajar la tierra, a fertilizar, sembrar, regar las plantas y observé el milagro de la naturaleza, el crecimiento de frutos y verduras. También vi como los insectos y parásitos pueden dañar nuestro trabajo. Hay muchas discusiones sobre los peligros de los pesticidas, pero es duro ver tu trabajo reducido a la nada debido a los visitantes indeseables del huerto.

Me pidieron que me ocupara de nuestro perro ‘Doyen’. No me gustaba ocuparme de animales domésticos, pero tenía que hacerlo y progresivamente me fui encariñando con él. Le debo mucho a ‘Doyen’ porque me enseñó muchas cosas antes de morir, hace 2 años.

 

La vida fraterna significa que yo también tengo que meterme en ella, sin esperar ser comprendido ni esperar ser amado como yo deseaba. Los hermanos nos quieren, pero no siempre de la manera que deseamos…

 

Al principio, estaba celoso de las relaciones de amistad que mis hermanos tenían con la gente del pueblo y me enfadaba fácilmente cuando venían a ver a otros hermanos y no a mí. Poco a poco pude construir buenas relaciones. Esto lleva mucho tiempo para que la gente de un pueblo nos acepte, al principio hay que implicarse mucho. Ahora, conozco a algunas personas y puedo visitar a familias sin cumplidos. Pero esto me ha llevado tiempo y mucho esfuerzo.

 

Después Michael se nos fue de repente, hace 3 años. Estuve con él en el hospital el último día. Yesudas vino a reemplazarme por la noche, porque en la India, alguien de la familia debe quedarse siempre con el paciente en el hospital. A medianoche, nos llamaron para decirnos que el corazón de Michael estaba en las últimas. Nuestro buen vecino Chinnappa, me llevó al hospital y pude reemplazar a Yesudas en el servicio de urgencias. Por la mañana pedí a Kumar que viniera y la regional de las Hermanitas vino también. Estábamos allí cuando se le paró el corazón. De la ceremonia del entierro y del recibimiento se hicieron cargo los vecinos, estuvimos bien arropados y cuidados por el pueblo. También vinieron muchas hermanitas. Todos teníamos que echar una mano seriamente, porque un entierro en un pueblo de la India significa que vendrá mucha gente. Vinieron el arzobispo, muchos sacerdotes, religiosos, amigas y amigos, de cerca y de lejos, el cónsul de Francia, etc… Anand que era nuestro regional en aquel momento, estaba en Francia y yo que era su asistente tomé la responsabilidad de la ceremonia mientras que Kumar coordinó todo a nivel práctico. Para nosotros, era la primera experiencia de ver partir así a uno de nuestros hermanos, el mayor y el venerable para todos nuestros amigos y vecinos. Fue un acontecimiento importante para el pueblo. Yo permanecí tranquilo y sereno hasta el final, a pesar de ser una persona emotiva pero me dije ‘estate atento, hazte cargo de esto, hay que hacerlo’.

 

Todo esto me afectó más tarde. He necesitado 2 años para superar la pérdida de Michael. Tuve que releer todo esto con un acompañante que me ayudó con mucho tacto. En vida de Michael, teníamos la costumbre de discutir bastante y de estar en desacuerdo, pero compartíamos mucho. Podía confiar en mí cuando estaba perdido y yo en él. Los hermanos tenían la costumbre de reírse de los dos como si fuéramos ‘padre e hijo’. No me gustaba que nos lo dijeran, pero veo que ciertamente había algo de verdad en todo esto. Ahora le rezo e charlo con él cuando visito su tumba en el cementerio del pueblo que está cerca de casa.

 

Luego tuve que hacer frente a un problema de corazón, ya que tuve un bloqueo en  una arteria coronaria. Fue una pequeña crisis cardiaca, pero yo no sabía lo que era. Creía que era un dolor corporal y no me lo tomé en serio. Xavier y Sang Shim estaban de visita en casa y no quería que hubiera problemas imprevistos mientras estábamos ocupados con su visita. Pero llegaron por la noche y por la mañana era imposible moverme. Por suerte hablé con mi sobrina que trabaja en un servicio de Salud, ella comprendió la gravedad de la situación y reaccionó inmediatamente. Todos me trataron estupendamente, así que ahora estoy bastante bien. Pero debo ser prudente, tuve que abandonar los trabajos manuales duros, tomar regularmente la medicación, seguir un régimen alimenticio y prestar más atención a mi cuerpo. Muchos de nosotros sabemos lo que esto significa. Menos mal que Kumar dejó su trabajo en el exterior y se ocupa de las labores del huerto, de la casa, la acogida, las compras y un millón de cosas más relacionadas con la casa. Lo hace bien y con eficacia, dejándonos a Yesudas y a mí libres para hacer otras cosas.

 

Así es que para ocuparme voy una vez por semana a un centro de acogida de día para niños y niñas discapacitados mentales y hago una permanencia para los padres que piden una cita para verme. Necesitan mucho tiempo para hablar de ellos mismos. Nadie les ofrece tanto tiempo. Con este pequeño servicio, mantengo la conexión con un mundo que sufre mucho del aislamiento y la exclusión. Estoy contento que la señora que dirige esta casa aprecie lo que hago.

 

También acompaño a personas y grupos con la terapia artística (arte-terapia). Nunca tuve una verdadera formación profesional en arte, pero siempre tuve interés en ello. Recibí clases para hacer bocetos, dibujos y acuarela cuando viví un momento de confusión y estaba solo en Bangalore durante 6 meses después de mi noviciado en Farlete. Participé en muchos talleres de arte guiados por nuestro amigo artista Jyothi Sahi, que me introdujo en la utilización de los colores, de la arcilla y otros materiales de arte. También tuve la gran suerte de tener una iniciación en psicología y psicoterapia funcional debido a mi trabajo con los enfermos mentales. Mi organización me ofreció una formación en arte-terapia en Inglaterra después de una reunión de regionales que tuvo lugar cerca de Londres. Utilicé todo este aprendizaje y creé un programa de arte en la calle para los niños de la calle enganchados al alcohol y a las drogas cuando trabajaba para Bosco (un proyecto Salesiano para los niños de la calle). Vi el beneficio de todo esto en la práctica como método de crecimiento y de curación personal. 

He visto a mujeres en Alampundi y en los tugurios de Ulsoor dibujando en el suelo delante de sus casas por la mañana con polvo de colores. He visto como estos ratitos matinales dedicados a la belleza eran uno de los secretos para mantener la salud mental en la vida de estas pobres mujeres que llevaban fardos pesados de pobreza, de abusos y de poca consideración. Durante algún tiempo Arul juntó un gran número de estos dibujos y Shanti ahora hace estos dibujos que se llaman ‘kolams’ en la lengua Tamil, para mantener ocupado su espíritu. En la India, la pintura de la alfarería es un arte muy popular en los festivales y en las bodas. Los dibujos de ‘mandalas’ son utilizados en la tradición hinduista y budista como método de meditación. Yo utilizo todos estos métodos en mi trabajo.

 

En la actualidad hay gente que me llama para talleres o retiros a través del arte. Esto no es para especialistas sino para toda persona que esté interesada, conozca algo sobre arte o no. Inicio a la gente para manejar material artístico y ellos mismos descubren gradualmente su creatividad innata y llegan a una verdadera curación, expresando su belleza profunda así como sus conflictos interiores a través de sus obras de arte no profesionales. He visto verdaderos milagros de curación interior en estos talleres. Lo que es muy importante es que las personas puedan experimentar su belleza interior con estas prácticas. Ver esto, me hace muy feliz. Esto también añade algo de dinero a mi pensión.

 

Esta es mi vida en este momento. Como muchos de entre vosotros, pensaba relajarme como jubilado, pero no es así, solamente es el centro de gravedad el que se mueve. Mucha gente, algo más mayor que yo muere de vez en cuando. Mis antiguos compañeros de Alampundi de mi edad, han muerto casi todos. Una gran parte de mi corazón está ya en el cielo gracias a ellos. Creo que mi corazón se vuelve poco a poco más dulce, más vulnerable y más propenso a momentos cargados de emotividad cuando constato que mi cabeza está más frágil en los altibajos de mi vida. Doy gracias a Dios por los hermanos que me han tolerado durante años y han hecho frente a mis rarezas y a mi carácter difícil y doy gracias por tener amigos que disponen de tiempo para mí. En fin, estoy agradecido que a los 18 años me encontré con una corta descripción de la regla de vida que el hermano Carlos escribió para él cuando comprendió que nadie podía acompañarle en este camino de Nazaret. Esta fue la puerta que Jesús, que Él mismo llamaba la ‘Puerta’, abrió para mí.

 

Quizás he abusado de vuestra paciencia con este largo diario. Gracias por lo que vivís, aquí o allí, y toda mi amistad.