La Fraternidad en contexto africano

 

ISIDORE Sadjoum de la fraternidad de Bamenda (Camerún) nos comenta cómo entiende él su vocación en el contexto africano y los interrogantes que ésta plantea

 

Camerún

 

Hace algo más de 7 años que estamos aquí y poco a poco empezamos a hacer nuestro agujero, como se dice. Durante 5 años y medio, teníamos una vivienda alquilada en un barrio en el lado opuesto de éste donde ahora llevamos poco más de año y medio. La casa en la que vivimos fue construida por los hermanos. Hay buena posibilidad de acogida.

 

Cuando hablo de nuestras relaciones, pienso en lo que viví en diferentes momentos con Hervé y Luc en el primer barrio, y en parte a lo que vivimos actualmente. Las preguntas de la gente son curiosamente las mismas: ¿Quién sois? ¿”Voluntarios del progreso”? ¿Sois realmente católicos o sois una secta? ¿Sabe el obispo que estáis aquí? ¿Por qué no vivís en una parroquia?

 

Se ve que esas preguntas son hechas por cristianos católicos que no comprenden que los religiosos tengan una casa insertada en un barrio y hagan el trabajo que nosotros hacemos: lavado de coches y reparación de radios. Los comprendemos perfectamente ya que los religiosos y religiosas que ellos conocen tienen generalmente sus comunidades fuera de los barrios, llevan las parroquias o colegios, dispensarios y hospitales. Cuando la gente me pregunta por qué vivimos de esta forma, no me siento molesto para decirles lo que pienso de la realidad concreta de nuestra vida; yo les doy una respuesta sencilla y ellos la comprenden bien y a menudo se quedan sorprendidos. Les digo que es el semblante de la vida de Jesús de Nazaret lo que nosotros tratamos de imitar, y no por ello rechazamos los otros aspectos de su vida que forman todo un conjunto, pero que nosotros queremos poner un acento particular sobre este aspecto de su vida en Nazaret. Jesús vivió alrededor de 33 años en la tierra. Pasó la mayor parte de su vida, 30 años, en Nazaret, trabajando como carpintero para ganar su vida. Él no vivía fuera del pueblo o en el círculo de una sinagoga, por lo que se sabe. Iba allí los sábados como los otros habitantes de Nazaret. No veo cómo puedo hablar de forma diferente sobre nuestra vida a la gente.

 

Evidentemente que la mayoría de la gente que nos conoce no hace preguntas sobre nuestra vida. Fuera de nuestra parroquia, nadie sabe que somos “hermanos”. Al principio de nuestra llegada, yo había formado parte de una “coral” durante 3 años; la dirigían 2 religiosos; fue al final del tercer año cuando uno de los miembros descubrió por casualidad quién era yo y se lo dijo con sorpresa a los otros miembros del coro preguntándoles si sabían que yo era “reverendo Hermano”. Al ser africano y no tener ningún otro signo o insignia como los otros religiosos, somos como todo el mundo y estamos bien en nuestro lugar de hermanos. A menudo, cuando hay festividades, en la parroquia u otro lado, se nos niega la entrada en la sala de recepción, excepto cuando hay alguien que nos conoce y nos deja entrar. Cuando ocurre eso, uno se queda algo confuso de pronto; y sin embargo hay que alegrarse por no tener nada especial y ser tratados como nuestros semejantes que no tienen ninguna influencia o distinción. Una vez fuimos bruscamente echados de una sala de recepción por un sacerdote. Hay que decir que después se excusó, cuando la religiosa que nos había invitado le dijo que éramos “hermanos”. De esta forma compartimos el tratamiento que se le da a la gente sencilla, por no decir a los simplones, que se cuelan por todos lados donde hay festividades para poder comer y beber.