Jesús
Dios con nosotros
 

Dios con nosotros

Carlos abre pues el Evangelio: “Dios ha amado tanto al mundo que le ha dado a su Hijo único”. Para gritarnos su amor, Dios se ha hecho uno de nosotros, accesible.

Porque quiere salvarnos, es decir darnos su vida. Dios se ha hecho “servidor”, “hermano”, “amigo”, estas son las palabras que Carlos encuentro en boca de Jesús. Humildad increíble de un Dios que ofrece su amistad y espera como un mendigo la respuesta. Carlos de Foucauld está deslumbrado.

 
Jesús el crucificado

Otro rostro lo maravilla recorriendo el Evangelio y este rostro lo acompañará también toda su vida, es el rostro del crucificado: el grito de amor de Dios por los hombres ha llegado hasta ahí: “La Pasión, el Calvario, son una suprema declaración de amor – nos dice- . No es para rescatarnos que habéis sufrido tanto, oh Jesús, el menor de vuestros actos ha tomado un valor infinito puesto que es el acto de un dios y hubiera bastado para rescatar mil mundos… Es para santificarnos, para llevarnos, inclinarnos a amaros libremente, porque el amor es el medio más poderoso de hacerse amar, y porque sufrir por lo que se ama es el medio más invencible de probar que se ama”. A la gratuidad de este amor, Carlos quiere responder con su lógica concreta: “Amémosle como El nos ha amado, de la misma manera, imitándole, es decir, sufriendo para declararle nuestro amor como El sufrió para declararnos el suyo”. Y toda su vida, guardará vivo en su corazón el deseo de dar a Jesús la prueba de su gran amor.

Jesús de Nazaret
 

Después de su conversión, el P. Huvelin, preocupado por verle tomar raíces en el Evangelio antes de comprometerse en una vida religiosa, lo envía a Tierra Santa. Navidad de 1888 en Belén: “¡El Dios, Creador, venido a vivir en la tierra!” Estancia en Jerusalén: ¡hasta dónde fue su amor!” Principios de enero en Nazaret. Surge una nueva luz: Dios no vino a cualquier sitio para vivir nuestra vida humana, vino a Nazaret, viviendo como un nazareno ordinario, ligado con los habitantes y con la reputación de su pueblo. Carlos está impresionado: “¡Dios, obrero de Nazaret!” ¡Dios actúa en ese hijo de carpintero! La obra de Dios está iniciada. Carlos encuentra el hilo conductor de su vida: la elección está hecha y parece clara: “Seguir a Jesús, pobre artesano de Nazaret, la vida de Nazaret en todo y para todo, en su simplicidad y grandeza”.