De dos a cuatro hermanos, una pequeña realidad humana, he aquí cómo puede aparecer á primera vista una fraternidad de hermanos de Jesús.

 

Hombres como los otros, con sus historias, sus temperamentos, sus gustos bien diferentes. La llamada de Jesús los ha reunido para vivir juntos su amor al Padre, para ser hermanos.

 

Hacerse cercanos, ayudarse unos a otros, entrar en diálogo en el que cada uno quiere aprender a mirar al otro con respeto y amor: hacer suya la mirada de Dios sobre nuestra historia con sus riquezas y sus debilidades: una mirada de ternura y confianza.

 

Hace falta tiempo, paciencia y humor; Dios está ahí y nos ofrece su fuerza y esta alegría de caminar juntos.