Una fraternidad es un apartamento en una barriada popular, una casa de pueblo parecida a las otras; una vivienda idéntica a la de las gentes sencillas del país y los hermanos comparten la vida cotidiana de sus vecinos: una vida ordinaria hecha de relaciones sencillas, de trabajo codo a codo con los que no cuentan en nuestro mundo, a menudo en lo más bajo de la escala social; tocados como los demás por la precariedad y el desempleo, juntos en la misma lucha, el mismo combate por la vida. Nada de extraordinario.

 

Pero esta banalidad de cada día, estas relaciones fundadas en el respeto y la escucha; esta búsqueda en común de un mundo en el que el hombre y la mujer  no sean ya más machacados o  despreciados; estas cosas bien sencillas nos abren hacia una amistad que no es nada banal.