La puerta de una fraternidad siempre quiere estar abierta a los vecinos, a los amigos: compartimos la vida con sus alegrías sencillas y sus preocupaciones.

 

La Iglesia nos ha confiado esta tarea: compartir las vidas de la gente del pueblo, gratuitamente, como un signo y un fruto del amor de Dios.

 

Cada uno de nosotros podría decir que ahí encuentra su alegría:

  • Alegría de ser acogido como un hermano por las gentes.

  • Alegría de las solidaridades sin resonancia.

  • Alegría de saber que Jesús ha hecho el mismo camino antes que nosotros y que se ha estremecido de alegría

 

Eco de la alegría de las bienaventuranzas.

 

Dichosos los que eligen ser pobres

Porque ésos tienen a Dios por Rey

 

Dichosos los que sufren,

Porque ésos van a recibir consuelo.

 

Dichosos los desposeídos,

Porque ésos van a heredar la tierra.

 

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

Porque ésos van a recibir ayuda.

 

Dichosos los limpios de corazón,

Porque ésos van a ver a Dios.

 

Dichosos los que trabajan por la paz,

Porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos.

 

Dichosos los que viven perseguidos por su fidelidad,

Porque ésos tienen a Dios por Rey. (Mt 5, 3-10)